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Vuelta a Marruecos PARTE 4 – Fin de la aventura

Ha pasado mucho tiempo desde el anterior post (Parte 3), concretamente desde julio de 2017. Un tiempo que me ha servido no solo para empezar una nueva etapa, sino para plantearme mis apariciones virtuales. Quiero remarcar unas palabras de mi gran amigo Fernando (Diabeticrack) el cual me hacen seguir este replanteamiento:

Estamos perdiendo músculo, fuelle… Yo creo que el modelo de redes sociales en general está agotado y hay que reinventarlo.
Hemos caído en la rutina, en la reiteración, en la pesadez y en el postureo más absurdo. Palabras que comparto al 100% pero para las que no tengo una respuesta. Este viaje me sirvió para mantenerme un poco al margen tras mi vuelta pero sin perder mi esencia e insistencia de potenciar la importancia de la motivación para con la diabetes.

Fin de una aventura

Como sabéis esta aventura la deje en CasaBlanca, la parte final de mi recorrido por el atlántico e inicio hacia el interior como me decían los lugareños, “hacia el fuego”. Este camino fue más duro de lo que me esperaba, no solo por el Ramadán, también por ese fuego que hacía casi imposible pedalear 1 hora seguida. Con mi bici cargada de todo el equipo necesario podía estar tranquilo, pero esa tranquilidad se desvanecía cada vez que miraba mi GPS. Rectas interminables donde apenas unas cuantas casas se cruzaban a mi paso y como era normal durante el día, todo cerrado a mi paso. En mi intento de evitar las horas de más calor (por decir algo) estas comenzaban a las 10 de la mañana hasta las 15 donde el calor era algo más llevadero, todo intercalado con pequeñas siestas y al igual que los delfines, una parte de mi cerebro nunca descansaba. Pensad que por donde pasaba era como una golosina con ruedas, cargado de cosas, instrumentos modernos, ropa,… siempre tenía muchos ojos tras de mi.

Poco a poco me iba adentrando más al interior y el paisaje cada vez era más árido y desértico. Mi diabetes al igual que mi carro siempre iba tras de mi, llamándome cada vez que quería aparecer, como si tuviese que pedirme permiso. Tengo claro que si hubiese pedido elegir, no me hubiese elegido. Ese fue el trato para este viaje. Durante mucho tiempo esa ha sido mi forma de llevar, de ver y de vivir con mi diabetes (ahora se ha revelado un poco). De forma rutinaria en cada parada siempre me hacía mi control no solo con el FreeStyle, también el capilar para después poder enviárselo a mi ángel de la guarda en ese viaje, Javier González. Creo que el sabía más que mi mujer de cada paso que daba, de donde me encontraba y como estaba.

Mi diabetes al igual que mi carro siempre iba tras de mi, llamándome cada vez que quería aparecer, como si tuviese que pedirme permiso. Tengo claro que si hubiese pedido elegir, no me hubiese elegido. Ese fue el trato para este viaje.

Marrakech, mi ciudad

Creo que no he vivido nada más emocionante que mi llegada a Marrakech (no sin antes muchos problemas). Poder recorrer las avenida y boulevard con nombres de la realeza fue algo único. Tener la sensación y duda permanente de que estaba en un sueño, un sueño hecho realidad y que tantas veces se me había pasado por la cabeza. Entrar en la plaza Yamaa El Fnaa.

No se me olvidará ese plaza repleta de gente, de turistas, de sus aguadores, mercaderes, y sus puestos típicos y como a todos les llamó a atención ver a alguien entrar con una bici y además con la que “estaba cayendo”. Fue algo inolvidable y que quería saborear durante unos días.

Antes de seguir en mi parada por Marrakech no puedo olvidarme de como pude llegar allí, un viaje paralelo que le aportó algo más de emoción por llamarlo de alguna forma. A falta de unos 100k para llegar, a la salida de mi “hotel” sobre las 8 de la mañana pude observar que el calor me lo iba a poner difícil desde el principio. Decido salir rumbo a Marrakech donde pararía a pocos kilómetros pero no fue así. Una mañana de calor donde los 45º me parecían pocos, decido dar la vuelto y optar por coger un tren hasta Marrakech. Por suerte tenía una estación cerca y me dirijo allí. Un tren con destino a Marrakech tenía previsto pasar en una hora y me dispongo a pedir información a la gente que atónita no deja de mirarme, no se si por mis pintas o por la que nuevamente estaba cayendo. En mi inglés intento hacerles entender que quería coger el tren y además meter mi bici, lo que de forma rotunda me dicen que no. Tras varios intentos les indico que salgan a la puerta y tras señalarles el sol y mi cara parecen entenderme, por lo que ceden un poco. Me indican que la bici debe de ir completamente desmontada, un lado la bici y por otro el carro, que pesa cerca de 30k. El tren se acerca a la estación y la gente de forma descontrolado empieza a ponerse en el borde, algo que me pone nervioso y mucho más cuando alguien me dice que el tren solo para unos segundos. Con la ayuda de esta persona anónima empezamos a empujar a la gente, el con mi bici y yo con el carro. El tren se pone en marcha y mi amigo se mete en el con la bici pero yo aún no. Un revisor me saca su mano, me empuja y con el tren fuera ya de la estación me quedo colgado recordando la imagen de un westerm donde coger el tren en marcha. Por suerte esa mano consigue meterme a mi y al carro, no sin un susto de muerte…

Tras llegar  Marrakech decido quedarme dos días allí, donde descansar, poner a punto la bici y poder hacer algo que tampoco olvidaré, encontrarme con una persona que al igual que yo compartimos un mismo mensaje, disfrutar y no tenerle miedo a la diabetes.

No puedo olvidarme de esa preparación previa para este viaje. El poder contar con el equipo necesario para ella, tanto en la bici, el carro, material y claro con mi diabetes. Ese equipamiento que compré en CAMPZ constaba de un hornillo, menaje de cocina, un botiquín, tienda de campaña, saco de dormir, esterilla, toldo, zapatillas, ropa, comida, agua y material de reparación para la bici.

En estos días de descanso también tuve la suerte como os dije de encontrarme de un referente en esto de la Diabetes, JuandeDios Martínez. Poder compartir un estupendo tajine acompañado de proyecto, anécdotas y como no, nuestro día a día con la diabetes. Recuerdo que antes de vernos me dijo una cosa: “quiero que nos veamos porque tengo muchas preguntas y quiero aprender de ti”. Tras nuestra cena tenía claro que era yo el que debía de aprender de el. Otra experiencia de vida más la que pude llevarme de este viaje.

Marrakech – Atlas – Ouarzazate

Acaban mis días en Marrakech y con todo preparado pongo rumbo a las montañas. Rumbo al atlas donde llegaré a cotas de más de 2800m siempre acompañado de mi diabetes, con solo mis piernas y algo de fuerza de voluntad. Este tramo de mi viaje me llevará dos días, cruzando zonas de alta montaña, zonas completamente aisladas y donde encontrarme con el lado más fantástico del Marruecos profundo. Cada día que pasaba tenía claro que iba a ser muy difícil completar mi viaje (son muchas las veces que intenté tirar la toalla, volver sobre mis pasos y coger el camino fácil, pero siempre había algo o alguien que me animaba a seguir.

A mi paso por estas montañas tuve la suerte de encontrarme con esa hospitalidad que tantas veces hemos escuchado. Una carretera de montaña donde solo estaba acompañado por un sol de justicia y por camioneros temerarios que hacían aún más peligrosa mi ruta. Pequeñas poblaciones salpicaban el camino, todas ellas con la “posibilidad” de poder alojarme y digo posibilidad en otras fechas, ya que el ramadán lo tenía todo cerrado. Acabando el día, las piernas empezaron a flojear, llegando a plantearme dormir al lado de la carretera, en esos bosques inmensos pero siempre que lo intentaba alguna sombra curiosa me estaba vigilando. Al final, tras muchas paradas por el cansancio, desnivel y el calor encuentro una pequeña población que me recibe curiosa. Una cara amable me viene a buscar y sin decir nada me ofrece su casa para dormir.

 

No sabía ese algo lo que era, pero siempre me empujaba cada mañana a empezar a pedalear. Por una parte era un compromiso conmigo mismo, una necesidad de hacer algo bonito pero a la vez de seguir demostrando ese camino del que mucha gente aún no ha visto. Tengo claro de que mi vida podrá ser corta o larga, pero de que quiero hacerlo de la mejor forma, habiendo disfrutado de ella y de mi diabetes.

No quiero olvidar cual era mi propósito en este viaje. El encontrar cual era la forma de vivir la diabetes en Marruecos, pero creo que encontré todo lo contrario, la diabetes más profunda de mí. Creo que me volví a reencontrar con mi diabetes llegando a lo más profundo y manteniendo un aprendizaje continuo. No había día en el que no hablase con ella, para bien o para mal pero siempre estaba ahí. Como Wilsom en la película de Naufrago (Tom Hanks tiene diabetes tipo 2) encontré en ella una unión aun mayor de la que ya tenía. Fue como un pacto de no agresión que espero nos dure toda la vida.

Muchos os preguntaréis como pasaba esos días y noches en soledad, ya sea en la tienda de campaña, en el hotel o en casas ajenas. Pues tenía siempre un truco en forma de película. La trilogía del El Señor de los Anillos. Esta película siempre me ha transportado a un mundo en el que me siento bien, el cual alguna vez me gustaría vivir y sobretodo me relaja. No lo recuerdo muy bien pero creo que me vi la trilogía unas 4 veces (la versión extendida). Todos tenemos nuestros rituales, nuestras manías y para mi hay una que se h mantenido desde que me diagnosticaron esta enfermedad. Cada noche o cada mañana siempre hacía lo mismo. A parte de mis controles, anotaciones, siempre siempre revisaba el que llevase una botella de cocacola. Era como mi muñeco que necesita un niño. No dormía tranquilo o mejor dicho no dormiría tranquilo sin ella. Siempre he dicho que nuestro mejor aparato, incluso mejor que cualquier medidor o bomba es nuestro cerebro. Es nuestro “aparato” más importante y por ello muchas veces debemos no solo de trabajarlo, también tiene emociones, sentimientos y debemos de ayudarle.

Siempre he dicho que nuestro mejor aparato, incluso mejor que cualquier medidor o bomba es nuestro cerebro. Es nuestro “aparato” más importante y por ello muchas veces debemos no solo de trabajarlo, también tiene emociones, sentimientos y debemos de ayudarle.

Tras dos días para cruzar el Atlas llegamos a otra ciudad muy especial para mi Ouarzazate, ya que desde aquí es donde han partido otras de mis aventuras, pero sobretodo la más especial en el 2007. Esta fue mi primera aventura, la que me hizo sobretodo perder mi miedo a la diabetes y quedar enganchado de este magnífico país.

Como amante y fan de Gladiator fue para mi toda una sorpresa al pasar por la población de Ait Ben Hadu, ya que fue aquí junto a Ouarzazate donde se rodaron gran parte de las imágenes de esta gran película. Por ello no pude dejar pasar la oportunidad de visitarlo y además lo que se conoce como el Hollywood marroquí.

Habiendo pasado más de la mitad del recorrido previsto, el calor hace que tenga que volver a hacer cambio de planes, por lo que decido nuevamente subirme a bus e ir más al interior y no dejar de pasar la oportunidad nuevamente de pedalear por las dunas de Merzouga, además de vivir otra experiencia inolvidable. Después de 10 horas de autobús y al caer la noche llego a Merzouga, pegado a la gran duna y donde pasaré la noche totalmente solo pero en una paz como jamás había estado. Reconozco que mis miedo y sobretodo mi diabetes me llamaron. En pleno desierto, solo acompañado de algún camello que rondaba a mi alrededor, el miedo de lo que podría pasar me venía. Duró muy poco. Sabía que debía de disfrutar del momento, de descansar y vivir la experiencia de otro amanecer rodeado de dunas y una mañana increíble. No somos conscientes de que le vida se nos va muy rápido y que solo estas en nuestras el poder disfrutarla al máximo. Una enfermedad que seguro es injusta no debe de quitarnos esos placeres, esas emociones y experiencias. No seré el mejor diabético, pero seguro que uno de los más felices. ¿Y tu?

A partir de aquí mi viaje fue acabando hasta llegar a Ceuta. Reconozco que lo hice con un sabor algo amargo ya que el tema de la comida se hizo difícil durante los último días y eso hizo acelerar mi vuelta, pero fueron 15 días donde pude salir más reforzado de mi enfermedad, más confiado y tras unos días, con la idea de volver muy pronto.

Muchas veces reflexiono y veo que la vida me tira hacia lugares y experiencias que seguramente no sean las adecuadas para la diabetes, pero que sería de nosotros sin esas emociones y como he dicho, sin disfruta de esta vida. Hagámoslo lo mejor posible, con cabeza, con aprendizaje y si nos tocado la diabetes aprovechemos las cosas buenas, porque las malas no nos servirán de nada.

Seguro os preguntareis, ¿pero donde están los comentarios sobre su diabetes? Ese era el objetivo, hacer que la diabetes no tuviese protagonismo y solo fuese mi acompañante pero sin poder de decidir.

Gracias