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Vuelta a Marruecos PARTE 2 – Comienza el viaje

Hay algo que año tras año me hace volver a Marruecos. No sé si es su cultura, su gente o esa experiencia de haber viajado un poquito en el tiempo, pero que año tras año me invita a viajar allí.

Los inicios

Está será mi sexta vez que viajo al país vecino, la quitan por un motivo o reto deportivo. Allá por el 2007 apenas con tres años de mi diagnóstico de esta enfermedad, junto a mi hermano decidimos viajar a Marruecos y recorrer aproximadamente 450k desde Tinergir, cruzando el medio atlas y llegando hasta los oasis de Zagora. Desde aquí empezó mi amor y odio a este país. Amor por todo lo que al principio he comentado y odio por esas pequeñitas cosas que tiene la cultura y que como buen matrimonio no hacen más que reforzarlo. 

Recuerdo perfectamente aquellos primeros días, donde mi conocimiento con la diabetes era escaso, pero mi motivación y sobretodo seguridad era mucho mayor. Por aquella época lo que ahora llamo pauta no existía, solo sabía que tenía mi lantus por la noche y mi Actrapid en las comidas. En esos días para mi lo importante era comer mucho, hacerlo a cada instante y tener siempre a mano in acuarios. Desde aquellos días nació mi manía psicológica de dormir ya sea en el bosque, Montana, desierto o donde sea con una lata de Coca Cola o Aquarius. Esto me proporcionaba tranquilidad, porque en la gran mayoría de casos no la utilizaba. Me proporcionaba la misma tranquilidad que hoy lo puede hacer un medidor continuo o los geles que todos llevamos. En estos primeros viajes mi enfermedad solía estar escondida, a penas lo contaba y fue aquí donde empecé a darme cuenta que la confianza era nuestra mayor arma para la diabetes.

Comienza la aventura

Para mi un viaje no comienza cuando empezamos a correr, a pedalear, conducir o montarnos en el avión, sino que me gusta vivir esa sensación en el momento que decides un lugar, una experiencia o un nuevo reto. Los momentos en los que preparas ese mapa, planteas cuales serán los ajustes según la intensidad y las condiciones que nos vamos a encontrar es parte de esta aventura. Fueron casi dos semanas en las que estuve preparando todo el material que me harían casi autosuficiente o por lo menos minimizarían los problemas que me iba a encontrar durante los 25 días que tenía planteado hacer la ruta (al final serán menos).  Son muchas las preguntas, miedos e inseguridades que se nos plantea a la hora de hacer un viaje y mucho mas si le añadimos la diabetes. ¿Cuantas veces hemos leído o nos hemos hecho las preguntas sobre que llevar, como y de que forma todo lo relacionado a la diabetes? Supongo que la experiencia ha conseguido que este tipo de preguntas sean las mínimas y solo formen parte de cualquier pregunta pueda hacerme.

Tras cargar todo el material, bici, carro y fuerza de voluntad en el coche, pongo rumbo hacia Algeciras donde embarcaré en el ferry en un principio hacia Tanger desde Tarifa. Creo que durante esas 5 horas de coche pude recorrer mentalmente cada una de las etapas del viaje, adelantarme a los posibles problemas, mantener las posibles conversaciones y como siempre hago, imaginar esa gran llegada a Ceuta. El plan para el primer día era llegar a Algeciras, recorrer en bici los 23km hasta Tarifa y desde allí coger el Ferry hasta Tanger, donde dormiría ya en Marruecos para iniciar el viaje al día siguiente. Pobre de mí que no fue para nada así. Al llegar a Algeciras y recoger tanto el SPOT GPS y el Teléfono Satelital gracias a Global Plus vi que uno de los ferrys partía hacia Tanger, pero no al principal, sino a Tanger Med, un puerto mas este, mas cerca de Ceuta y que me separaba más de 40km de mi destino. Este pequeño contratiempo en un principio no fue un problema, pero si hizo que esos 40km fueran bastante duros debido al terreno con tanto sube y baja por la costa.

Desde ese momento pusimos en ON la gestión con la diabetes y ya en la comida hicimos una pequeña reducción de la insulina rápida, así como la basal de la mañana. Salimos del puerto y todo aquello a lo que estaba acostumbrado se acabó. El ramadán hacía que cualquier tienda, bar o cafetería por la que me cruzaba estuviese cerrada, excepto pequeñas tiendas donde solo podía comprar agua, dulces y poco mas. En mi mente siempre estaba la posibilidad de que esa tendencia cambiaría según avanzasen los días y las poblaciones.

Tras unas cuantas horas y casi de noche (allí son dos horas menos) llego a Tanger donde mi intención es dormir a las afueras o como segunda opción conseguir llegar a un albergue que tenía localizado en Google. Llegada la puesta de sol y con la oración que anuncia el fin de ayuno diario hace que la ciudad en un principio quede sola, ya que todo se reparte entre su casa o cualquiera de los restaurantes o cafetería que se reparten por la ciudad. Aprovecho este momento para poder comer y decidir donde dormir, ya que la opción de dormir en tienda la descarto debido la cantidad de “gente” que inundaba los bosques de alrededor. Al final decido encontrar un pequeño Riad en lo más alto de la medina que exprime mis últimas fuerzas del día.

Tánger – Larache – Kenitra

Ahora si puedo decir que ha empezado la aventura, esa que por mucho que me cueste en los primeros días, me llevaría a dar la vuelta siendo yo el propio motor, siendo quien decida de que forma y como. Acompañado de mi diabetes, disfrutando, compartiendo y peleándome con ella. Decido levantarme temprano, a eso de las 5:30 de la mañana y salir sin desayunar para hacerlo una vez coja el camino que me marca mi GPS. Hasta ese momento no decido empezar con la pauta y si hacerlo con el desayuno express. Un desayuno compuesto por un café con leche y galletas, ya que aún tenía la esperanza de encontrar algo abierto.

Tomamos dirección hacia Asilah una ciudad en la costa con una medida del encanto a la que puede encontrar en otro de mis viajes a Chefchaouen, con el color típico azul en sus casas, aunque totalmente solitaria. El calor hacía casi insoportable poder ir con la bici en ciertas horas, por lo que lo aprovechaba para descansar o hacer una pequeña visita por donde pasaba, sabiendo que era objeto de muchos curiosos y no tan curiosos. Desde los primeros días el viaje cambió a una aventura a un viaje casi de supervivencia, donde el objetivo era encontrar agua y comida. Sobretodo durante las horas donde estaba pedaleando las glucemias eran casi perfectas, controlándolas con isotónico para ir metiendo glucosa y poco a poco con galletas o algo de dulce que podía ir encontrando. Esto me hacía tener claro que debía de hacer una reducción en la basal, ya que hasta ese momento eran dos unidades las que me ponía en la mañana. Por suerte tenía la ayuda de mi médico Javier González quien me iba controlando las glucemias que día tras día grababa en la app de Social Diabetes.

Estas dos primeras etapas trascurren casi con normalidad por la carretera nacional siempre pegado al atlántico y salpicado de pequeñas poblaciones y muchas de ellas muy muy humildes ya que mi intención era pasar pro zonas no tan transitadas por coches. Esta decisión hizo que durante muchos kilómetros y antes de llegar a Kenitra, fin de la segunda etapa pasase realmente miedo y no por mi diabetes, sino por ser robado, tirado de la bici, apredeado o cualquier otra cosa que os podáis imaginar y en ese orden. Se trataba de poblaciones pequeñas y donde entiendo que no estaban acostumbradas al paso de alguien tan “goloso” y esto los sacó de su rutina y lógicamente de la mía.

 

“Los kilómetros iban pasando y la diabetes seguía estando ahí, de tras de mi, en mi carro y apenas rechistaba, ya que creo que no le gusta mucho este tipo de viajes y mucho menos no ser el centro de atención”.

Durante estas dos primeras etapas mi intención de dormir en tienda de campaña apenas fue posible, ya que tanto los bosques como las afueras de las ciudades estaban mezcladas entre basuras, niños o gente que por mucho que lo pensaba no sabía cual era su función. El ramadán y sobre todo el calor hacía que la gente “disfrutase” de cualquier sobre casi durante todo el día, de forma que el ayuno se pasase lo más rápido posible. Por ello elegía dormir en pequeños hostales u hoteles (llamarlos así es darle categoría de mas), donde como era de esperar, no había servicio de comidas o algo similar. Algunos de ellos contaban con lo mínimo para descansar y por poco que fuese era de agradecer. En ellos y en todas las etapas retomé la pequeña manía que os comentaba al principio y era la de dormir con un coca cola o similar por el solo motivo de la tranquilidad de mi cabeza. Sabía que en caso de problema podía contar con los geles Glucup 15 o cualquier otra de las cosas que llevaba, pero el tenerla me daba tranquilidad. Al fnal cada día era una experiencia, un aprendizaje, una motivación y un objetivo para ver siempre el lado positivo a la diabetes.