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La diabetes y Marathon des Sables (PARTE I)

Después de varios días de mi regreso de la Marathon des Sables aún no sabría como titular esta experiencia. Son muchas las sensaciones que pude vivir en ella: frio, calor, hambre, felicidad, agotamiento pero si hubo una que marcó fue la normalización de mi enfermedad. Si ya tenía claro que todo es posible con “cabeza, control y aprendizaje”, tras mi paso por esta carrera salgo aún mas convencido y reforzado de ello.

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Tras una cuenta atrás muy larga por fin ha llegado el día en el que ponemos rumbo al gran reto que me llevaría durante 6 días a recorrer 257km en autosuficiencia y sobretodo a llevar al límite mi enfermedad. Después de tres aviones llegamos a Ouarzazate donde pasamos la noche antes de ir al campamento y poder tener esa primera imagen que tantas veces hemos visto en televisión y hemos seguido en ediciones anteriores. Antes de llegar a ese punto hay una parte de la carrera que para muchos se pasa por alto o para otros es una preocupación, pero en mi caso lo considero un proceso parte de esta aventura: como será la convivencia en la jaime. Antes de salir una de las preguntas que mas me han realizado era saber en la jaima en la que iba a estar y con quien, siendo mi respuesta siempre la misma. Como he dicho es parte de la aventura, del destino de 8 personas que convivirán dentro un espacio muy reducido, desayunando, comiendo y durmiendo. Desde el primer día esta selección que no considero casual (no creo en esto) se fue formando, dando lugar a un grupo que creo que perdurará durante mucho tiempo. Los que hicieron posible esa gran convivencia son: Angel, Miguel, Marcelo, Pedro, Jose, Javier y Santi. Todos ellos hicieron que esta experiencia no solo fuese dura, también divertida, graciosa e inolvidable. Podría hacer un post con cada uno de ellos pero el mejor recuerdo se queda en la amistad y los grandes momentos que no se olvidarán.

 

Sables no solo empieza en la primera etapa, sino desde el primer momento que empiezas a ver el campamento. Una imagen que no creías real pero ahí está. Montones de jaimas colocadas en un círculo perfecto, todo un proyecto de organización llevado al extremo donde miles de personas pasarán unas cuantas noches y días con un único objetivo. Después de las más de 6 horas de bus, este se dirige al primer campamento donde pasaremos los primeros días entre nervios y preparación para el control de mochila. Durante este tiempo antes de la salida la organización pone tanto cenas, comidas como desayuno por lo que debemos aprovechar al máximo (en mi caso) para mantener esa carga de CH que evitarán esas posibles hipos y sobretodo me darán la energía para el primer día.

El sábado llega el momento del control de la mochila, donde la organización pesa, revisa y se asegura que lleves todo el material obligatorio y comida para los 7 días. Te hacen rellenar una hoja donde debes indicar que llevas todo ese material, además de especificar las calorías diarias así como una descripción de las mismas y todo ello firmado, por lo que en caso de control y no llevarlo serás penalizado. Es un proceso lento, sobretodo cuando el calor aprieta pero considero que muy necesario. Justo después llega el momento del control médico, algo que me preocupaba debido a mi condición de diabético pero no fue más allá de una comprobación de mi electro y prueba de esfuerzo. En este punto insisten en la importancia de la toma de sales, por lo que la organización te da una bolsa de 100 pastillas puras de sal extras a las que tu puedas llevar, algo fundamental para evitar complicaciones. Una de las medidas de seguridad que tome para la carrera para mantener mis plumas de insulina además de la cartera de frío fue la de llevar un kit extra con una pluma de NovoRapid, Levermir y Glucagón que le pude entregar a la organización y así contar con ella en caso de urgencia. Ahora puedo decir que no fue necesario usarlas.

 

 

Desde este punto, mi diabetes empezaba a estar en unas condiciones en las que no está acostumbrada, donde no existe un frigorífico con una “coca cola”, o geles de sobra o un trozo de bizcocho que pueda llevarme a la boca en caso necesario, pero si una preparación de mucho tiempo para evitar esos casos. Recuerdo que la primera noche, intentando ajustar llegue a tener dos pequeñas hipos que hicieron que usará 2 de los gluc up que llevaba de sobra y mi preocupación fue mayor, ya que no podía cometer esos errores y sobretodo no poder llevar la misma precisión que puedo llevar un día normal. Al igual que pasó en el 2014 en la Titan Desert, los valores mínimos y máximos fueron entre 110 para alerta de hipo y 180 para hiper, de forma que pudiese mantener unos niveles de seguridad.

Compañeros de Jaima (“La camella cachonda”)

Como he dicho antes, parte del éxito y sobretodo disfrute de esta carrera radica en la suerte o casualidad de encontrar un grupo de personas con las que pasar días enteros en una jaima. En Sables de encajar a la perfección, adaptándose a sus condiciones y adversidades y por ello contar con un grupo tan bueno como el nuestro fue parte de ese gran éxito. Quiero presentaros a cada uno de ellos y lo que me aportaron:

  • Angel: Triatleta y nadador de grandes distancias, con el pude ver de primera mano la fuerza, la lucha y constancia que se debe de tener en este tipo de pruebas. Aportando su toque de humor y sobretodo esa originalidad para dar nombre en cualquier momento y para cualquier cosa.
  • Javier y Jose: más conocidos por los de Aranda, todo unos veteranos en este tipo de pruebas y sobretodo grandes corredores. Son un ejemplo de disciplina, experiencia y “originalidad” en el desierto. Para ellos no hay geles, barritas, liofilizados y recuperadores, pero en cambio tienen jamón, sopa, mojama, vino o un simple caramelo bajo la lengua.
  • Marcelo: más conocido como Churro, todo un atleta que comenzaba su gira desde Costa Rica hacia Sables y que le llevaría por la maraton de Madrid, media de Ibiza y finalizar en la Transvulcania. Es de esas personas que transmite positividad, y de las cuales siempre tienes algo que aprender y sobretodo sabe sacar el lado positivo de las cosas.
  • Miguel (Burdalo): gran corredor y mejor persona, siempre con un ritmo constante en carrera y además rápido. Con el me di cuenta de lo pequeño que es aveces el mundo, coincidiendo en varias carreras tanto en Madrid y Barcelona, al final la vida nos junto para disfrutar de la experiencia de Sables.
  • Pedro: tuve la oportunidad de correr y andar muchos kilómetros a su lado. También veterano en Sables (su tercera carrera) y además todo un trotamundos, aventurero y de esas personas con las que se aprende en cada palabra. Para mi fue un orgullo aprender de el y ver su fuerza y lucha que sacó en los peores momentos.
  • Santi: alicantino afincado en China, otra de esas personas que lleva por bandera el disfrute de la vida. No tienen ningún problema en cruzarse medio mundo para estar aquí y volver a China. No se si con problemas en el estómago o no, la verdad que nos dio un motivo por el que no perder la risa en cada uno de los días que estuvimos en la jaima.

 

 

Creo que pocos serán los que han podido dormir por culpa de los nervios del comienzo, yo os digo que si y además del tirón. A las 5 de la mañana, dos horas mas en España ya comienza el movimiento en el campamento, desde los propios corredores hasta el equipo de marroquis que empieza a desmontar una a una las jaimas hasta dejarnos solo con la alfombra sobre la que dormíamos.

La etapa inicial iba a dar comienzo a las 9:45, ya que como es normal en Sables primero te hacen estar 1 hora antes para preparar la foto donde todos los corredores forman el número con la edición, siendo este la 31. Durante la noche las glucemias han sido bastante estables, rozando al amanecer los 70mg, algo que en estas condiciones no me gustaba pero siempre tenía dentro de mi bolsa diaria 3 gluc up de “por si”. Creo que parte de la seguridad obtenida es gracias a ese control de la situación no solo presente, también de futuro. Sobre las 6:00 de la mañana daba comienzo la preparación del desayuno y mochila, un ritual que la verdad lo hacía con mucha rapidez, algo que me permitía empezar las etapas relajado y planificando mentalmente los ajustes y posibles contratiempos.

Desayuno:

Ajustes:

  • Reducción de la levemir del 100% y rápida 2 unidades.

Con los ajustes iniciales provocaba unos picos iniciales altos al inicio de carrera, algo que iba por la reducción de la basal de la noche y reducción de unidades de rápida en la mañana, ya que por seguridad no inicia las etapas muy justo porque tanto por el calor como la intensidad bajaban los niveles SIEMPRE en menos de una hora tras el inicio de etapa. Comienza la etapa donde nos esperan 15 kilómetros de pura duna donde no te das cuenta de la dureza hasta que no estás dentro de ese mar de dunas. Una mezcla de belleza y dureza a la vez, donde el correr se hace muy complicado y si además vas cargado con una mochila de inicio con cerca de 13kg. Desde este momento pasas a una alerta constante, donde intentas adelantarte a cualquier contratiempo y vas midiendo cada paso en función de los niveles, ya que comida que comas de más, algo que mañana no podrás tener.

Una vez se mantienen las glucemias, tu cuerpo se relaja y empiezas a disfrutar con mas detalle la carrera. Empiezas a valorar donde te encuentras, del reto que te has propuesto y de la cantidad de gente que hay detrás, siguiendo (literalmente vía GPS). Aún tengo muy claro momentos de esta etapa, donde, la dureza de las dunas se mezcló con una tormenta de arena que en algunos caso hacía casi imposible ver más allá de 20 metros delante nuestra. Siempre había oído hablar de las tormentas en Sables, pero nunca imaginé que me tocaría vivirlas tan de cerca.

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Tengo que reconocer que esta primera etapa no fue ni de cerca lo que me esperaba como primera etapa de la Marathon des Sables (ni yo ni la gran mayoría de corredores). Fueron muchos kilómetros de dunas, alguna de ellas muy altas donde debías de seguir el paso de otros corredores para no clavarte y perder energía, un continuo sube baja que físicamente se hizo notar una vez llegué al campamento. Fueron más de 7 horas las que necesité para llegar a ese campamento que varios kilómetros antes desde esas misas dunas ya se podía divisar. Recuerdo perfectamente esa felicidad que te invade no solo por completar la primera etapa, también por cruzar ese arco con el que tantas veces había soñado. Ahora tocaba descansar y recuperar para el día siguiente, donde nos esperaban 41km y mantener los niveles tras el esfuerzo.

Recuperación y ajustes:

Cada corredor tenía su ritual al llegar a la jaima, y en mi caso era la recuperación, algo que consideraba fundamental y de lo que me siento muy contento con el resultado. Teniendo en cuenta el aporte y los niveles con los que llegaba, la dosis de rápida era de 3 unidades, que en condiciones normales podría ser de 4, pero por seguridad reducía en 1 o 2 unidades. Además de recuperar, también constituía mi comida, ya que con esto solo me quedaba un plato de liofilizado para la cena.

La llegada a este campamento fue un poco dura, ya que la tormenta de viento se mantuvo casi todo el día, algo que hacía muy difícil el descanso debido a la cantidad de arena que se metía dentro de la jaima y por cada hueco de nuestra mochila, plumas de insulina, saco, ropa… Con este vídeo os haréis una idea de lo que fue (gracias Churro)…

https://www.facebook.com/marcelojimenezroqhuett/videos/1185160854850896/

Dejo para la segunda etapa contaros como hacía para conseguir agua fría para la cartera de frío…