Blog

La diabetes y Marathon des Sables (PARTE III)

Cada mañana el tiempo que aplicamos a organizar, a desayunar y dejar todo listo para una nueva etapa se va reduciendo. En muchos casos es por falta de sueño, por no poder descansar lo suficiente por la noche o simplemente porque hace frió. Un consejo que doy después de pasar por esta prueba es en invertir en descanso.

Mi principal miedo antes de venir era este, como hacer que mi cuerpo recuperase día tras día, maratón tras maratón y para ello que mejor que contar con una buena esterilla (si es hinchable mejor) y una almohada, también hinchable. Os puedo jugar que cada mañana me levantaba, no como en casa, pero casi, sin dolor de espalda ni de cuello y con el cuerpo menos dolorido del día anterior. Son muchas las pegas al llevar este tipo de cosas, pero buscando bien podemos encontrar materiales muy ligeros y que apenas nos quitarán espacio en nuestra mochila.

Dentro de ese orden que se puede llevar en un espacio reducido a tu cuerpo, también estaba mantener organizado toda “mi mochila” de la diabetes. Para evitar posibles contratiempos nocturnos, no podemos olvidar que dormimos junto a 7 personas más, cada una con su descanso mas o menos profundo y por ello no quería ser yo quien los despertara. Como rutina tenía siempre colocar mi bolsa justo pegada a mi cabeza, acompañado de un frontal y varios geles (gluc up). Dentro de mi saco siempre tenía un gel, medidor (FreeStyle Libre), pluma de rápida y reloj.

 


 

 

Empezamos la tercera etapa con unos niveles por la noche estables pero algo por encima de lo que me gustaría. Me repetiré mucho en cada etapa, pero con forme pasan los días debido a la intensidad del ejercicio, la alimentación y el poco tiempo de recuperación hacen que los ajustes sean cada vez más precisos y cada unidad de más pueda provocar una hipo. En situaciones como esta es muy importante primero mantener la calma y segundo el control en todo lo que se hace, ya que un error donde nos podamos quedar sin ese aporte necesario que nos pueda ayudar en caso de hipoglucemia. En esta etapa volvemos a encontrarnos con un terreno blando, un continuo sube baja por las dunas que hace que sea complicado correr y mantener un ritmo. Siempre se ha dicho que el corredor de fondo (en mi caso lento pero de fondo) es muy solitario y una de sus virtudes es la gestión psicológica. Gran parte de las 5 etapas (digo 5 por la 6 no cuenta) las hice en solitario, centrando mis pensamientos en pequeñas motivaciones, en amigos, familia o simplemente en el control de mis niveles. Todo esto consigue en muchos momentos olvidarte de ese pequeño dolor, del calor o del kilómetro en el que te encuentras. Esto es algo que reconozco que se debe de entrenar, algunas veces más que el propio correr, ya que puede decidir la carrera. Dicho esto, esta tercera etapa la hice casi en totalidad con mi compañero de jaima Pedro, todo un veterano en Sables y gran experimentado en miles de aventuras. La verdad que fue todo un privilegio compartir kilómetros y etapas, ya que las conversaciones se sucedían, los ánimos y apoyos de forma que uno tiraba del otro.

El éxito de mi paso personal en esta carrera creo que se ha centrado en la normalidad de la carrera, intentando “pasar inadvertido” como diabético, buscando un control normalizado, pero reconozco que gracias a Pedro me sentí en muchos casos motivado por sus mensajes de apoyo, de fuerza que me transmitió al saber que era diabético.

Fueron muchas las horas en la que me vio con el medidor, comiendo esto y lo otro, en muchos casos sin motivo aparente pero al final entendió el proceso, y como bien me dijo un control y conocimiento de mi mismo llevado al extremo. Esta seguridad es la que no permite hacer casi cualquier cosa, donde el problema tiene una solución o una respuesta y bien gestionada no tiene porque repetirse. Reconozco que he podido cometer muchos fallos en Sables, de los cuales siempre he sacado un aprendizaje, ya que estos son nuestro mejor maestro.

Al igual que la diabetes, una carrera de este tipo las sensaciones van por etapas, donde es muy fácil encontrarte bien y a los dos minutos caer desplomado tanto física como psicológica mente. Este tipo de fases debemos de afrontarlas y en mi caso prestar mucha atención en las “pájaras” ya que debido al esfuerzo y calor la sensación era muy fuerte, casi de hundimiento. Como les decía a mis compañeros, una pájara mía eran dos guantazos bien dados del tío del mazo.

Junto a Pedro nos vamos acercando a la meta, casi en solitario estos últimos kilómetros debido a las altas temperaturas, donde muchos corredores han decidido recuperar en las jaimas de el ultimo CP. Son solo 4 kilómetros pero os puedo asegurar que se hacen interminables, tanto por el terreno como el ritmo que ya vamos bajando teniendo en cuenta que al día siguiente nos esperan 85 kilómetros muy duros. Los ánimos a diferencia del cansancio van subiendo por mi parte, ya que vemos como este gran sueño de participar en la Marathon des Sables se está cumpliendo y casi casi estamos en el ecuador de la prueba.

Una de las imágenes que tengo grabada en mi mente es la entrada a meta en cada una de las etapas. Mi sonrisa era tan grande como si hubiese acabado la carrera completa, donde debía de saborear cada minuto de esa experiencia. Llegados a meta, la organización te recibe con 4,5l de agua con los que debes de preparar la comida, recuperar y en algunos casos asearte. Junto al agua te daban un vaso de te a la menta hiper mega azucarado, caliente como el suelo del desierto y que en muchos casos me provocaba pequeños picos. Es momento de la recuperación, descansar y ajustar teniendo en cuenta que la siguiente etapa nos esperan 85 kilómetros donde seguir poniendo a prueba mi diabetes en un tiempo aproximado de 20 horas.